Mis pequeños rituales de rescate (o cómo frenar el mundo 5 minutos)

Hay días en los que siento que mi vida es una licuadora sin tapa. Ruido, prisas, juguetes en el suelo, notificaciones, "mamá, mamá, mamá". A veces siento que voy corriendo detrás de mi propia vida y nunca la alcanzo.

Antes pensaba que "tener paz" significaba irme a un retiro de silencio o tener la casa impecable. Hoy sé que la paz no se encuentra, se fabrica. Y a veces, se fabrica en medio del caos.

He aprendido a crear pequeños botes salvavidas. Yo les llamo mis "rituales de rescate". No son cosas complicadas. No requieren dinero ni mucho tiempo. Son actos de rebeldía contra la prisa.

Es encender esa vela con olor a vainilla a las 2 de la tarde, aunque haya platos sucios en la pila. Es servirme el café en mi taza favorita (la bonita, no la que uso siempre) y obligarme a no hacer nada mientras me lo tomo. Solo beber. Es respirar profundo en el baño antes de salir a enfrentar la tarde.

Estos rituales no arreglan el desorden de afuera, pero ordenan algo adentro. Son mi manera de decirme: "Hey, Ale, aquí estás. Sigues aquí. Y todo va a estar bien".

Y tú, ¿qué haces para volver a ti cuando el mundo gira demasiado rápido?.

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El arte incómodo de decir que "no"